La revolucion informatica

Cronología de la revolución de la información

Las reglas del juego en las relaciones internacionales están cambiando, y estos cambios están estrechamente relacionados con la revolución de la información. Desde el Tratado de Westfalia de 1648, las aspiraciones de los Estados-nación y sus dirigentes han sido los principales motores de las relaciones internacionales. A lo largo de ese periodo, la capacidad de esos estados-nación para alcanzar sus objetivos se ha basado en tres pilares: el poder económico, el poder militar y el poder político.

Con la llegada de la revolución de la información, la supremacía del Estado-nación se ha visto cuestionada. La revolución ha afectado a los tres pilares del poder nacional, alterando así las ecuaciones de las relaciones internacionales.

La revolución de la información está resultando beneficiosa en tres sentidos, debido al rápido crecimiento del procesamiento de datos y del intercambio de conocimientos. En primer lugar, está mejorando el entorno de la seguridad internacional al difundir los ideales de la libertad, poner fuera de juego al poder estatal opresivo y ayudar a la modernización de las sociedades que han sido pobres durante mucho tiempo; en segundo lugar, está aumentando el valor estratégico de los mercados libres, la ciencia y la tecnología; y en tercer lugar, está alterando la guerra de manera que permita mantener la paz internacional con un riesgo aceptable a pesar de la difusión de las armas de destrucción masiva (ADM).

Más allá de la revolución de la información

La idea de que la economía estadounidense funciona gracias a la información es tan evidente y comúnmente aceptada hoy en día que apenas merece un comentario. Hubo una revolución de la información. Estados Unidos «dejó de fabricar cosas». Los ordenadores lo cambiaron todo. Todo el mundo sabe estas cosas, debido a una corriente incesante de refuerzo por parte de los intelectuales liberales, los publicistas corporativos y los responsables políticos que dan por sentado que la economía estadounidense cambió hacia una economía «basada en el conocimiento» a finales del siglo XX.

De hecho, la idea de la revolución de la información ha ido más allá del cliché para convertirse en algo parecido a la sabiduría convencional, o incluso en una característica natural del universo como el punto de congelación del agua o el valor incalculable de π. Sin embargo, esta noción tiene su propia historia, arraigada en un esfuerzo concertado de las empresas de alta tecnología en la década de 1960 para inocular al público estadounidense contra el temor de que la informática y la automatización conduzcan a la pérdida generalizada de puestos de trabajo. La revolución de la información no salió del cráneo de Atenea ni surgió orgánicamente del misterioso funcionamiento de la economía. Fue inventada.

La revolución de la información ha hecho del mundo un lugar mejor ensayo

El término revolución de la información describe las tendencias económicas, sociales y tecnológicas actuales más allá de la Revolución Industrial. La revolución de la información fue posible gracias a los avances en la tecnología de los semiconductores, en particular el transistor de efecto de campo de metal-óxido-semiconductor (MOSFET) y el chip de circuito integrado (IC),[1][2] que condujo a la Era de la Información a principios del siglo XXI.

El polímata británico J. D. Bernal introdujo el término «revolución científica y técnica» en su libro de 1939 The Social Function of Science (La función social de la ciencia) para describir el nuevo papel que la ciencia y la tecnología están desempeñando en la sociedad. Afirmó que la ciencia se está convirtiendo en una «fuerza productiva», utilizando la teoría marxista de las fuerzas productivas[3]. Tras cierta controversia, el término fue adoptado por autores e instituciones del entonces bloque soviético. Su objetivo era demostrar que el socialismo era un hogar seguro para la revolución científica y técnica («tecnológica» para algunos autores), a la que se referían con el acrónimo STR. El libro La civilización en la encrucijada, editado por el filósofo checo Radovan Richta (1969), se convirtió en una referencia estándar sobre este tema[4].

Inventos de la revolución de la información

La idea de que la economía estadounidense funciona gracias a la información es tan evidente y comúnmente aceptada hoy en día que apenas merece un comentario. Hubo una revolución de la información. Estados Unidos «dejó de fabricar cosas». Los ordenadores lo cambiaron todo. Todo el mundo sabe estas cosas, debido a una corriente incesante de refuerzo por parte de los intelectuales liberales, los publicistas corporativos y los responsables políticos que dan por sentado que la economía estadounidense cambió hacia una economía «basada en el conocimiento» a finales del siglo XX.

De hecho, la idea de la revolución de la información ha ido más allá del cliché para convertirse en algo parecido a la sabiduría convencional, o incluso en una característica natural del universo como el punto de congelación del agua o el valor incalculable de π. Sin embargo, esta noción tiene su propia historia, arraigada en un esfuerzo concertado de las empresas de alta tecnología en la década de 1960 para inocular al público estadounidense contra el temor de que la informática y la automatización conduzcan a la pérdida generalizada de puestos de trabajo. La revolución de la información no salió del cráneo de Atenea ni surgió orgánicamente del misterioso funcionamiento de la economía. Fue inventada.